Haiku

Se va el estío.
Cielo arrebolado
y elevadas peñas.

Desde la ventana

Y mi condena es
mirar por la ventana
mi montaña amada:
hermosa pero lejana.



Malditos filólogos

“Malditos filólogos”, pensaba yo mientras me sentía agobiado, constreñido por las inexorables y más que rígidas normas ortográficas, la escayola del lenguaje. Estaba preso de un determinismo cultural asfixiante y ni siquiera era yo consciente. Las haches mudas me hablaban a gritos y no conseguía enterarme de nada.

Suspenso en mi examen parcial de Teoría de la Computación por “una soberbia a la par que grotesca colección de barbaridades en forma de faltas de ortografía”. Así estaba. Suspenso y bien suspendido del cadalso, yo era el reo condenado sin juicio justo ni defensa. ¿Por qué tanta crueldad en la evaluación? Con un cuatro era suficiente castigo.

Una cascada de interrogantes martilleaba mi cabeza sin descanso: “¿Por qué yo?” y acto seguido: “¿Se escribe por qué, porque, por que o porqué?” Si hiciese esa pregunta tres veces frente a un espejo, seguramente se me aparecería el sillón T de la R.A.E. Limpia, fija y da esplendor. “Creo que estoy perdiendo la cabeza”.

“¿Ni siquiera me excusa un eximente?” Antes del examen estaba bajo los efectos de conversar durante 36 horas non-stop por wasap, y no puedes seguir el ritmo de todos los grupos si te pones quisquilloso con las tildes y demás esqueletos lingüísticos. Esqueletos fosilizados, rígidos y arcaicos, y yo soy más del flow, fluyo como el agua. Flow flow.

Si hasta el gran Gabo me daba la razón, jubilemos la ortografía de una puñetera vez, o algo así dijo. Un premio Nobel tiene bastante peso en dirimir esta cuestión, creía yo. ¿O me estaba autojustificando? Mi parte consciente estaba ya en lucha abierta con mi inconsciente, y la cuestión vital de la acentuación de los hiatos me iban a provocar una disonancia cognitiva. Necesitaba salir de ese bucle o me iría sumergiendo irreversiblemente en la negra pesadilla de la demencia.

Tenía que resolver mis dilemas ortográficos y existenciales: “Acudiré a la fuente, a la luz, a una Biblioteca. A la Biblioteca de Uniovi: la BUO (¿búho?). Entre sus paredes y volúmenes encontraré las respuestas, la paz de espíritu. O al menos estaré calentito”.

—Buenos días, ¿podría consultar un diccionario de Vox? Me asaltan terribles dudas orto-existenciales —le espeté a la bibliotecaria con mirada de loco.
—Neno, pero si ya nadie usa diccionarios, y menos de Vox. Mejor te sientas en un ordenador y entras en la web de la R.A.E. —fue su respuesta, acompañada por una expresión a medio camino entra la lástima y la compasión. —Ah, y aquí es obligatorio guardar silencio y está prohibido comer y beber—.

Malditos filólogos y maldita postmodernidad.

El flow

Es el flow cabrones, el flow. El flow es lo importante. Give me that flow. Flow flow flow. Algo así decía Santa Claus.

Y Kase.O:

Mi flow es una bailarina natural
Con la que muchos querríais marcaros unos pasos y tal
Pero de ahí al matrimonio, sin saber comer un coño
Nadie sabe tratar a la rima como Kase.O-toño.

Y es que cantando yo me pongo bien, la
Vida va mucho mejor
Con tal de llegar a fin de mes
Con tal de llegar a fin de mes


           (Javier Ibarra - Cantando)

Be water my friend. Fluye, ya que todo está en cambio permanente. Esto no lo digo yo, lo dicen los psicólogos new age. La importancia del ahora; no hay pasado ni futuro si estás de cuerpo y (sobretodo) de mente presente. No hay dolor. Ni deseo.


Además de cuando trabajo en equilibrio -ni relajado ni con demasiado estrés-, este fluir yo lo alcanzo con la escalada. Supongo que el vértigo de la posibilidad de caer hace entrar al cerebro en un estado de total concentración, modo supervivencia total. Así no hay manera de pensar en otra cosa que en la presa, la roca, la adherencia de los pies. De los pies de gato.

Ya sabes. A fluir se ha dicho, b-boy, b-girl.
Menuda paja mental acabo de depositar.



Mamá pato en el Moscova

En mi viaje a Rusia del verano de 2017, con la intención de conquistar el Elbrus, o Elbrús (creo que es aguda), en medio del caos de la megaurbe que es Moscú, vi en las aparentemente sucias aguas del río Moscova algo que me sorprendió.
Aparte del McDonalds, las tiendas de lujo, un ejército de automóviles en peregrinación, riqueza -y mucha miseria-… la ciudad nos ofrecía breves rincones no esperados, como: vestigios del pasado soviético, algún graffiti y a mamá pato con sus patitos, flotando en las aguas camino de casa y ajenos a todo el bullicio.

"Curioso mundo éste", pensé.